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jueves, 21 de mayo de 2015

El túnel



Y cuando crees que por fin has salido de aquella horrible habitación y esperas encontrarte con un paisaje encantador, te das cuenta de que no ha sido más que un espejismo.

Lo has podido disfrutar durante un tiempo, pero conforme has ido avanzando y esperas encontrar cada vez algo mejor, te das cuenta que tu siguiente paso se ve obstaculizado por un túnel. Es tu único camino, tienes que pasar por ahí o retroceder.

El pájaro que conociste aquella vez, te sigue acompañando, revoloteando a tu lado de vez en cuando, pero se va… quizás vuelva, tu gran temor es sentirte abandonado, solo, desamparado. Temes fallarle, decepcionarle, quieres hacerlo bien pero no sabes como ni cuando.

Te aventuras a entrar en ese tenebroso túnel, afortunadamente tiene algunas luces, luces que se van encendiendo y apagando. Te quedas inmóvil justo en su mitad, seguir avanzando? Al fondo una brillante luz te indica que hay salida y esta vez sabes que no es tan difícil de alcanzar, pero tienes miedo de que esa luz se vuelva a apagar…


“S”

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La historia continua....

QUINTA PARTE

De pronto te encuentras con esa puerta, esa que parece que sea la definitiva, la que detrás contenga aquello que tanto tiempo llevo soñando. Dejas los miedos atrás, las inseguridades, las preguntas y porqués y la cruzas sin mirar atrás, ni siquiera te paras a contemplar lo que hay dentro. Pero que hay tras ella? NADA! Absolutamente nada! Una nueva pared con otra ventana, ésta cada vez más alta e imposible de alcanzar.

Cansa! Seguir caminando, seguir luchando sin cesar, para que? Porque no dejar de intentarlo de una vez. Cada vez que abro una nueva puerta, lo único que consigo es darme de bruces contra ella. Empieza a ser agotador…

Se abren otras puertas, por las que no quepo, o simplemente hay algo que no me deja cruzar. Simplemente no llevan mi nombre…

Aquella llave que encontré, la que tenía un precioso llavero con el nombre de FELICIDAD… creo que la perdí hace tiempo o simplemente la tiré, ya ni lo recuerdo…

Sentada de nuevo en mi rincón, con mi cajita entre mis manos, aquella que sólo tengo que abrir de vez en cuando para que me de un poco de calor, de calma, de paz… Pero dura poco, muy poco, no lo suficiente.

Quiero alcanzar la ventana, tirar las paredes si hace falta, pero no lo consigo… agotada, exhausta, desisto en el intento una vez más.

Se acabará algún día este “relato”? ojala tuviera la respuesta…


Mientras tanto, siempre vuestra …Simplemente “S”…

miércoles, 23 de abril de 2014

Cajas y cajitas...


PRIMERA PARTE

Durante 29 años de mi vida, había caminado por un largo pasillo, un pasillo sin apenas luz. Un pasillo oscuro y descuidado, en el que se podían ver montones de habitaciones a cada uno de sus lados. En cada puerta se podía leer con claridad lo que contenían: en una había felicidad, en otra tristeza, en otra alegría, melancolía, ira, decepción, orgullo y así un sinfín más. Por más que caminaba por aquel pasillo, parecía no tener fin, con más y más habitaciones cuyo contenido cada vez era más desolador. Pero de pronto al fondo del pasillo, tras un largo recorrido, se podía apreciar una última puerta, corrí hacia ella y pude ver en letras grandes y claras un letrero que decía ESPERANZA, pero conforme te acercabas veías que debajo en letras pequeñitas ponía “se debe cruzar a solas”.


Me quedé largo tiempo tras la puerta, leyendo una y otra vez aquel cartel. Mirando tras de mi, recordando las anteriores puertas y pensando en que hacer, si cruzar o no cruzar. Después de mucho meditarlo, decidí cruzar al otro lado, cerrando de un portazo sin importarme lo que quedaba tras de mi. Entré en una habitación la cual tenía en la otra punta una puerta abierta y su letrero ponía POSIBILIDADES. Sin pensarlo por un momento empecé a correr hacia ella,  pero lentamente se empezó a cerrar, sin poder llegar a tiempo a cruzar al otro lado,  dejándome ver únicamente que el siguiente letrero era “NUEVA VIDA”.

Así que con resignación me senté en una esquina mirando el resto de la habitación. En lo alto tenía una pequeña ventana por la que apenas entraban unos rayos de la luz del sol y justo enfrente una cajita de madera abierta. Parecía haber sido colocada ahí estratégicamente porque cada vez que asomaba el sol por aquella pequeña ventana, los rayos iban a parar dentro de la cajita, la cual se cerraba SIEMPRE al anochecer.

Estuve días observando aquél suceso, hasta que me di cuenta de que cuando el sol se había escondido solo tenia que abrir la cajita para que me volviera a dar un poco de calor. Pero un buen día pensé que no tenía suficiente con lo que la caja me aportaba, así que intenté alcanzar la ventana. Una y otra vez, saltaba, corría, me desesperaba, pero estaba demasiado alta y nunca lo conseguía, así que al final…

                … nos quedamos mi cajita y yo, en la habitación sin salida.

SEGUNDA PARTE

Llegaba la noche y la cajita como era de costumbre volvía  a cerrarse, pero aquella vez en vez de abrirla y disfrutar del poquito calor que ésta me daba, la cogí y la puse en un rincón de la habitación. La aparté del sitio donde había sido tan estratégicamente colocada. Donde día a día se llenaba de esos rayos de sol que de vez en cuando me reconfortaban y hacían sentir un poco mejor. Aquél día sentí que no podía más con aquella situación, que lo que yo quería y necesitaba no era un poquito de aquella luz que emanaba por aquella minúscula ventana. Necesitaba salir de allí, necesitaba liberarme de aquella habitación que se había convertido en mi pequeña prisión. 

Me senté en el suelo, con mi cajita en las manos, mirándola como buscando que ella me diera la respuesta que yo misma no había sido capaz de darme. Me levante y cabizbaja me puse a dar vueltas por la habitación, lentamente, desanimada por completo, casi sin fuerzas. Tirar la toalla o seguir? Me preguntaba una y otra vez.  Qué hacer? Cómo conseguirlo? Por dónde empezar?

De pronto en medio de la oscuridad tropecé con algo. Miré al suelo y me encontré con una caja la cual jamás había visto allí. Había aparecido de la nada. Qué hacía aquello allí de repente? Que significaba eso? No tenía ni fuerzas, ni ganas para cogerla, así que la dejé donde me la encontré.

A la mañana siguiente al despertar, noté algo extraño, algo había cambiado. Sentía frio, donde estaban esos rayos de sol que podía ver cada día? Entonces miré a mi alrededor y recordé que había quitado la caja de su sitio. Fui corriendo a buscarla para que ésta pudiera hacer su trabajo, pero no la encontré, había desaparecido. En su lugar me encontré la dichosa caja azul, medio rota, con la cual me había tropezado la noche antes.

Y si intento alcanzar la ventana subiéndome en la caja? Se ve muy frágil, y si se rompe? Miré hacia lo alto y pude ver que fuera lucía un sol brillante, aquel sol que antes me regalaba uno de sus muchos rayos y que hoy había dejado de hacerlo. Vi pasar un pájaro revoloteando, cantando, feliz. Se posó sobre la ventana, me miró, pero tal cual vino se fue. “Quiero ser como él!” Grité! Y me subí a la caja dispuesta a alcanzarlo.

Pero… esta se rompió y volví a caer al suelo.

Sin caja y sin cajita……


TERCERA PARTE

Me acurruqué en el suelo y empecé a llorar, pero no por el dolor del golpe, lo que más me dolía era no ser capaz de encontrar la manera de salir de aquella prisión que yo misma me había creado. Tristeza, desesperación, impotencia, un mar de sentimientos me invadían. Porque no habría podido ser capaz de correr más rápido y alcanzar aquella salida antes? Que habría pasado sin en vez de llegar al final del pasillo, hubiese escogido otra puerta? Me estaba haciendo preguntas que cada vez me hacían sentir peor. No era capaz de encontrar una respuesta, no en mi misma.

De pronto alcé la mirada y allí estaba de nuevo el pájaro que se posó cantando tan feliz el día antes. Aún con lágrimas en los ojos y dolorida, me incorporé y le grité: “Ayúdame a salir de aquí!”. “No puedo” – dijo él – “Sólo tu misma puedes ayudarte! La respuesta está en tu corazón. Lo que desees con todas tus fuerzas, podrás hacerlo realidad. Y tu tienes la suficiente para conseguir lo que te propongas”. Y se volvió a marchar por donde había venido.

Las palabras de aquél pájaro me resonaban una y otra vez en la cabeza “tú tienes la suficiente fuerza para conseguir lo que te propongas”. Yo no lo veía tan claro, hacía tiempo que creía haberla perdido. Pero tampoco me quería quedar allí encerrada, en aquella fría habitación, con la única compañía de los restos de una vieja caja.

Cerré los ojos y desee una y otra vez salir de allí, poder abrir la puerta y acceder a la siguiente, a aquella puerta que había podido ver por unas décimas de segundo el día que me quedé allí encerrada, NUEVA VIDA. Aquella vida que tanto anhelaba, aquella vida que hacía años había dado por perdida.

Cuando al día siguiente me desperté, supe que si yo misma no lo hacía, nadie iba a venir a ayudarme. Así que intenté de nuevo trepar la pared para alcanzar la ventana, pero ésta estaba demasiado alta y cada vez que lo intentaba volvía a caer. Entonces fue cuando me acerqué a la cajita azul para recomponerla. Levanté una de sus maderas y debajo me encontré un sobre. Dentro escrito en un papel ponía “la respuesta es más sencilla de lo que crees”.

Me acerqué a la puerta, aquella donde ponía POSIBILIDADES, aquella que me llevaría a la NUEVA VIDA, esa vida con la que había soñando tanto tiempo. Miré al suelo con impotencia y la rabia de sentirme inútil por permanecer allí encerrada, por no ser capaz de encontrar una solución,. De pronto en el suelo, en una esquina, vi brillar algo muy pequeño, me agaché y encontré una llave. No podía ser! Había estado allí todo este tiempo y había sido incapaz de verla?

“La respuesta era más sencilla de lo que creía

CUARTA PARTE

La respuesta siempre había sido más sencilla de lo que creía. La llave de la felicidad siempre había estado ahí, lo que pasa es que no había querido verla.

Durante mi viaje había dejado atrás muchas cosas. Atrás habían quedado buenos y malos momentos, muchas risas y también muchas lágrimas. Incluso allí se quedó alguna que otra amistad, pero no quería recordarlo con tristeza. Quería cerrar aquella puerta y avanzar sin rencores, sin resentimientos.

Decidí continuar llevando conmigo únicamente lo bueno, lo positivo que en aquella otra vida había encontrado. Porque gracias a todo aquello había logrado llegar a donde estaba. Porque aunque a veces, por desgracia, algunas personas se quedaron atrás en el camino, otros siempre estuvieron a mi lado y nuevos aparecieron. A todos ellos, tengo que darles las gracias porque han aportado algo en mi vida. De todas siempre guardaré un recuerdo, una lección que me servirá para seguir avanzando, para crecer y seguir aprendiendo.

Sabía que el camino no había terminado, que aún quedaba mucho por recorrer y no iba a ser fácil. Pero estaba dispuesta a conseguirlo.



Por "Simplemente S"